Es un hecho ya que los servicios de streaming han llegado para quedarse, y esto implica no sólo cambios estructurales en cómo los consumidores tienen acceso a contenidos de entretenimiento, sino también en la producción y distribución de estos.

La llegada de Netflix y otros servicios de streaming han logrado una revolución en la industria televisiva que no se veía desde la llegada de la televisión por cable. No sólo eso, sino que también ha logrado una mayor apertura a contenidos más internacionales que el anglosajón. Netflix ha abierto las puertas a producciones españolas, latinoamericanas, alemanas, entre otras; pero, quizás, lo que a mi parecer es más interesante es el éxito internacional que han tenido las producciones escandinavas en los últimos años.

 



 

Estas producciones, entre muchas otras, han logrado establecerse en el mercado sin siquiera haberse realizado en un idioma más internacional como el inglés o castellano. Tanto es así que, tanto Netflix como HBO, han comenzado la producción de dos series en Noruega que llevarán el sello de las compañías a diferencia de las series anteriores que fueron adquiridas.

 

Pero... ¿qué significa esto para los que trabajamos en televisión?

 

Antes, un poco de contexto. La manera en la que se produce contenido para televisión lineal es bastante simple. Es un proceso de oferta y demanda donde las productoras ofrecen ideas y conceptos a los canales que los compran o, alternativamente, son los canales los que piden a las productoras la realización de los conceptos. En el caso de televisoras grandes como la estatal NRK, las producciones pueden realizarse por el canal mismo. Hasta el año pasado Netflix y HBO compraban el contenido de los canales para agregar a su catálogo.

Para cubrir esta demanda, las productoras utilizan un pequeño ejército de creativos, desde directores y fotógrafos, hasta editores y coloristas. Este grupo de profesionales está en parte protegido por leyes de derecho de autor y también por una fuerte organización sindical que ha logrado (después de años de luchas) acuerdos que se extienden desde las televisoras, las productoras y hasta todos los que trabajamos en el medio. Estos acuerdos se traducen a tarifas que regulan los salarios para los diferentes roles dentro de la producción, así como el derecho a recibir una compensación económica por la distribución del trabajo realizado por todos los creativos dentro de la producción. Estos honorarios son el resultado de una ardua lucha por parte del sindicato que hace 20 años hubiera sido inimaginable.

Para que este sistema funcione, se creó la organización independiente F©R que es la administradora de derechos audiovisuales. Esta organización se encarga de recaudar los fondos que después serán los honorarios que irán a los que trabajamos en la realización de las producciones. Para ello, se ha llegado a un acuerdo general entre las televisoras, productoras y los miembros del sindicato para que un pequeño porcentaje del presupuesto de la producción (0,7%) se destine a este fondo. Esto funciona como un tipo de licencia que dura hasta 10 años. En términos prácticos:

 

Yo como editor registro las producciones en las que he trabajado y F©R se encarga de ver cuáles de esas producciones han sido transmitidas por televisión a lo largo del año, y esto se suma en un bono anual. La cantidad que uno reciba depende de la cantidad de veces que una producción se transmitió.

Por ejemplo: Masterchef (que ya no se produce en Noruega desde el 2014) sigue generando honorarios por la retransmisión de episodios.

 

Esto es importante cuando se toma en cuenta la llegada de nuevas tecnologías y actores que vienen a competir con la televisión tradicional. Los servicios de streaming entran en teoría también dentro de este acuerdo, ya que tampoco tiene un límite geográfico, pero lo importante es que también sean parte de éste. Existen hoy en día varias productoras y un canal de televisión que no son parte del trato. Esto dificulta la recaudación de honorarios para los realizadores e incluso hay productoras con contratos que hacen los derechos de autor exclusivos para la compañía, mientras que otros obligan a hacer una negociación individual que, para un freelance con diferentes producciones al año, ya serían demasiadas pelotas en el aire.

Lo ideal es tener un frente unificado y ser parte de una organización que vele porque los que creamos contenido recibamos lo que es justo por nuestro trabajo. Por eso, es un alivio informar que Netflix ha entrado a este acuerdo para las dos producciones que ya tiene en rodaje en Noruega.

 

Notas:

  1. Una excepción es la serie cómica Norsemen (2016) que en un acto de genialidad fue grabada tanto en noruego como en inglés al mismo tiempo.
  2. Todos los miembros del sindicato han firmado un contrato en el que ceden la administración de sus derechos de autor a F©R.

Licenciado en Comunicación por la Universidad de Mayab y Máster en Tecnología de Comunicación Audiovisual por la Universidad Francisco de Vitoria. Su experiencia se centra principalmente en la edición de vídeo en varias empresas productoras. Actualmente, ejerce sus funciones como editor y director de cine freelance.

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